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Un año más

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Cuando concluía el 2016, un año de elecciones y, por tanto, de muchas confrontaciones políticas, los economistas enquistados principalmente en los partidos, movimientos y sectores de la oposición, pronosticaban que el 2017 sería un año ‘catastrófico’ en lo económico y social, de serios enfrentamientos, de reducción de la calidad de la vida, un año de penurias.

Mientras discutía el tema con dos economistas en el programa de radio el ‘Interactivo de la Super 7’ en que participo todas las tardes, les recordaba que premociones y presagios similares escuchaba en el 2004, cuando el PRD fue echado del poder tras dirigir uno de los peores períodos de gobierno que ha tenido el país en el proceso democrático que vivimos.

Cuando el 2017 arrancó, en enero mismo, el escándalo Odebrecht y con ello la gigantesca y sin precedente marcha del 22 de enero, parecía marcar un año de confrontaciones y de arrinconamiento del Gobierno, contra el cual se puso la mira de la lucha contra la corrupción, pero todo quedó en la bullanguería por varios factores, los principales la incoherencia, búsqueda de protagonismo y falta de liderazgo de los convocantes, y la indiferencia del Gobierno al movimiento, al cual ni hostigó ni respondió.

La economía ha navegado bastante bien, si tomamos en cuenta las escaseces de nuestros recursos, los eventos de la naturaleza -varias tormentas, amenazas y efectos de los huracanes Irma y María-, las incidencias mundiales -las tasas de interés en Estados Unidos, los precios del petróleo, los precios de los denominados commodities- y las proyecciones establecidas para el 2017 se van cumpliendo: inflación controlada, crecimiento bordenado el 5%, la depreciasión de la moneda en los niveles estimados -el dólar alrededor de $48 pesos-, la calificaciones de riesgo país bien valoradas por los organismos internacionales y las calificadoras privadas, demostrado en las facilidades de colocación de bonos y acceder a préstamos, etc.

La estabilidad social sin sobresaltos -con episodios de violencia y delincuencias que por momentos nos espantaron-, lo mismo que la política, que se concentró a lo largo del año en el tema de sacar una ley de partidos, que hoy sigue navegando en un mar nebuloso, lleno de morbo y especulaciones.

Desde el ‘viernes negro’, entronizado ya como la apertura de las ofertas comerciales tradicionales de fin de año, fue un desborde de compras que dio paso al ambiente de la Navidad, habitual en nuestro país: arbolitos, música, luces, planes de fiestas, cenas, francachelas. Tiempo de dar riendas sueltas a esas expectativas que se generan desde que despunta enero de cada año.

Serios escándalos de corrupción -como el caso de la Omsa-, una oleada de feminicidios, asesinatos de jovencitas, tensiones por el tama de la seguridad social, un bombardeo de drogas por el uso del país como puente a Estados Unidos y Europa.

Así llegamos al fin del año, con las mismas tensiones que lo comenzamos, pero sin mucho de nuevo o sorprendente que contar, pero siempre con mucha fe y confianza en el futuro inmediato.

Esa es nuestra realidad.

rlgonzalez50@gmail.com