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El tiro por la culata

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SALIÓ POR LA CULATA.- Como se supuso desde el principio, la kermese de haitianos que se pretenden dominicanos, con agravio incluido a los Padres de la Patria, fue una fanfarria. La finalidad, incluso, más que clara. Esos golpes de tambor buscaban llamar la atención, provocar interés público, ante la inminente llegada de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. El tema de los indocumentados no estaba en discusión, y aunque el negro todavía es bello, el verde, por ahora, lo es más. Color de esperanza y de redención, y hasta de cambio político. Era pues de lugar forzar la situación, ya que la visita no sería provechosa si se daba en un ambiente de sosiego, de no persecución, de olvido. El montaje quedó más o menos, aunque la ira de los opuestos provocó que el tiro se fuera por la culata. La reacción fue como nunca antes, y no solo a través de las redes. Los nacionalistas (o los así calificados) ganaron la partida de los medios. Los haitianos fueron por lana, pero salieron trasquilados. No fueron voces sueltas, como en ocasiones anteriores, sino todo un clamor. El club de opinantes se vio obligado a definirse y defender el país ante un ataque fuera de borda…

EL COMETIDO.- La Comisión Interamericana de Derechos Humanos vino, se supone llevó a cabo el trabajo y ahora habrá que esperar el informe, o un preliminar. Aunque la finalidad fue la misma: investigar denuncias, monitorear situaciones, advertir circunstancias, lo hizo con sigilo, con discreción y sin desatar demonios. La prensa no le hizo asco, pero tampoco la siguió ni reseñó cada uno de sus contactos. Se conoce de su visita a la Junta Central Electoral, pero no al Palacio Nacional, dos instancias de importancia. Aunque por lo poco que se sabe no hubo tensiones ni en uno ni otro encuentro. Lo que vendrá, vendrá, pero será porque tiene que venir y no porque se le diera un trato inadecuado. En la JCE le ofrecieron todas las informaciones sobre las regularizaciones, y de paso y repaso hubo de caerse en la teoría, en lo académico, y no solo en lo material o práctico. Julio César Castaños, por demás, conoce la materia, y no solo por sus actuales funciones, sino porque en el pasado y como abogado defendió al país o ante la Comisión o ante la Corte. No fue miel sobre hojuelas, pero el pleno cree haber salido por la puerta grande. Al menos se alentaban entre sí creyendo haber llenado con el cometido…

LOS NUEVOS.- La impresión de haberlo hecho bien se corresponde con el ánimo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. En la ocasión hubo dos miembros nuevos: El relator, colombiano, y el secretario, brasileño. Situación que se interpretó como auspiciosa, ya que mostraron interés en escuchar, y de viejo se dice que hablando se entiende la gente. Igual ambiente parece haberse dado en el Palacio Nacional, donde se conversó con el consultor jurídico Flavio Darío Espinal, acompañado de Gedeón Santos, Alejandra Liriano y Radhis Abreu, entre otros. Conviene recordar a estos fines que Espinal compareció ante la CIDH no hace mucho y que debió librar contra representantes del movimiento Verde. La rama fundamentalista que demanda la renuncia del presidente Danilo Medina y la conformación de un gobierno provisional y convocatoria de una Constituyente. Aunque falta saber –para evaluar justamente su carácter– si cuando se reunió con los miembros de la Junta Central Electoral o con los funcionarios del Poder Ejecutivo, ya se había visto con los núcleos de la sociedad civil que defienden los haitianos que viven ilegalmente en el país…

SÍ QUE NO.- El dato es importante, pues aunque la CIDH tiene sus atribuciones y su carácter –se entiende– libre de influencias, los grupos de la sociedad civil saben cómo llegarle, manipularla y envenenarla. El dato es importante, por igual, ya que la recepción no fue como en la ocasión anterior: cálida y masiva, y hasta donde se sabe no fue una visita asistida. No se vio en escena a personajes conocidos por su mala leche e insidia, y que son los soportes visibles de la lucha de los haitianos contra el establecimiento dominicano. A falta de sus afanes, el encono sería menor. Aunque todo dependerá del informe, o del preliminar, para determinar el grado de calentura del paciente. Si superó la fiebre o se agrava el malestar. Lo mejor sería no hacerse ilusiones y ver el caso de los haitianos como un fatalismo imposible de alterar. Los dominicanos más pesimistas piensan que el país no podrá pasar esa página, pues para que ello suceda los haitianos tendrían que asumir su destino y actuar en consecuencia. Lo mismo que hicieron los dominicanos llegado el momento…

orlandogil@claro.net.do

(Artículo publicado originalmente en el Listín Diario)