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Lecciones de un crimen

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El país está consternado por el brutal asesinato del abogado Juniol Ramírez, un episodio que desnuda con toda su crudeza el estado de inseguridad de que se queja la gente, los niveles de corrupción que percibe la sociedad, las versiones de chantajes y extorsión contra funcionarios, empresarios y personalidades de la nación.

Un asesinato que deja muchas lecciones:

  • Pone en debate versiones socorridas de extorsiones, chantajes, sobornos en estamentos gubernamentales señalado por denuncias y/o especulaciones sobre alegados actos de corrupción;
  • Indica la ‘facilidad’ con que una persona puede ser secuestrada, a plena luz del día, en este caso en un campus universitario, transportado por la ciudad, asesinado y su cuerpo abandonado;
  • Revela la mentalidad criminal, con poco respeto a la vida, sin miramiento de sus autores para fraguar y ejecutar un asesinato, abandonar el cuerpo en un arroyuelo, atado con una cadena y un block, como para que se hundiera y su cuerpo no apareciera, por lo menos por mucho tiempo o, como creen algunos, para ‘mandar un mensaje’;
  • Detona un caso de corrupción en una institución de segunda instancia en la Administración Pública, similares a los episodios en OISOE, el CEA, Corde;
  • Atiza críticas contra el Gobierno en torno a la lucha contra la corrupción, toda vez que se recrea que en el 2013 y 2014 fueron publicados amplios reportajes sobre alegados casos de irregularidades en las operaciones de la OMSA y no se tienen registros de que esas denuncias fueran investigadas y/o que se tomaran medidas para revertir los casos;
  • Pone al desnudo las debilidades de seguridad que acusa la UASD, debido a las presiones de los grupos de presión de la institución, como son los estudiantes, que aceptan ser sometidos a ningún mecanismo de control o regulación para sentirse en libertad de hacer y deshacer en el interior de un campus donde la gran mayoría acude en busca de conocimiento y profesionalización para enfrentar los retos de la vida, pero donde otros, los menos por suerte, pululan como ‘chivos sin ley’, apoyados en las debilidades,  la falta de carácter y de decisiones de sus temerosas y complacientes autoridades;
  • Un episodio que afecta, más que a nadie, al Gobierno y al PLD, toda vez que destapa denuncias de corrupción en la Administración, ya que la principal figura involucrada, sea cual sea el grado de su responsabilidad, Manuel Rivas, era funcionario, miembro del Comité Central del partido y aspirante a una posición electiva nacional;
  • Un respiro para la Policía, que reaccionó como se espera y que con una investigación profesional descubrió rápidamente la trama, identificó a los autores, arrestó y puso en manos de la justicia a los responsables, lo que eleva sus  niveles de eficiencia investigativa.
  • Una polvareda para una Fiscalía,  la de la provincia de Santo Domingo, hoy blanco de cuestionamientos por ‘huecos’ y ‘puntos oscuros’ que entiende la gente, como en cualquier caso criminal complejo, que por demás rodea al Gobierno, funcionarios y/o dirigentes del partido oficial, lo que abre conjeturas de una sociedad altamente crítica y hasta incrédula de todo lo que provenga del estamento oficial.

Un episodio, en fin, que pone un crespón negro en la Administración pública, vapuleada por las denuncias de corrupción, que destapa la olla de grillos en que se cuecen todo tipo de tramas, entuertos y tramposerías de grupos y personas que medran alrededor de funcionarios e instituciones públicas, cual botín de piratas y corsarios.

Como sociedad, no podemos aceptar esta realidad como buena y válida.

rlgonzalez50@gmail.com