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A las claras o a escondidas

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SENTIDO ESTRATÉGICO.- El PRM o sus principales dirigentes, o potenciales candidatos a la Presidencia de la República, deben ver las convenciones ordinarias con sentido estratégico. Determinar qué es más conveniente, si dejar que los aspirantes a puestos de dirección se las bandeen por si solos u ofrecer apoyo en las demarcaciones más importantes o en los cargos más decisivos. A las claras o a escondidas. Lo ideal sería que cada cual lleve a cabo su propia campaña y solo contando con sus medios. Esa independencia tendría un efecto enriquecedor. Permitiría el desarrollo de liderazgos locales o la acreditación de nuevas figuras, asegurando la inmediata o futura alternancia. Aunque cabe decir que no sería fácil. Necesitaría candidatos atractivos y suficientes que puedan alcanzar sus metas sin ayudas circunstanciales y sin responder a intereses extraños. Sin embargo, esa no es la situación. Lo que se comenta es que cada grupo hizo su selección aparte, de manera que los aspirantes no se obstaculicen entre sí ni dividan el voto, y se imponga la tendencia y no la persona. La democracia no fluiría, sería dirigida y controlada desde plataformas conocidasÖ

RIESGOS, EXPECTATIVAS.- La posibilidad de que cada candidato libre su lucha de manera independiente, sin depender de tendencia, tiene sus riesgos. El primero es que no llene las expectativas, no provoque simpatías suficientes y la votación sea escasa. El PRM, con sus convenciones, no solo se juega el destino de su dirección a nivel nacional, sino el posicionamiento en relación con las elecciones del 2020. Tiene que demostrar que cuenta con el voto de sus miembros, puesto que si no se mueve dentro, tampoco lo hará afuera. Las inscripciones fueron obra de las dos fuerzas principales, y aunque fue en ánimo de chercha, logró su cometido. Se supone que los reinscritos no son simples miembros, sino militantes plenos. Si logra llevar esa masa a las urnas, y la adhesión y el fervor desbordan el cálculo, podrá hablarse de avance institucional. Se harán las apropiaciones particulares, y esa cuenta tendrá su importancia, pero lo primero e inmediato será la concurrencia. Si participaron muchos o participaron pocos. Se dice que ahora hubo un registro honesto, sin maña, y que ninguno de los grupos incurrió en el fatídico y desacreditado vaciado. Los nombres que figuran en la nómina del partido fueron confirmados de muchas maneras, evitando las conocidas alevosías del pasado…

LA MAÑA DEL MÚLTIPLO.- El no vaciado de listas fue un paso importante camino a la transparencia del proceso. Tal vez fuera por primera vez, pero los perremeístas de ahora, contrario a los perredeístas de antes, se contaron. Saben cuántos son: 485,000, sin subestimarse ni sentirse a menos. Aunque esa no es la única corrección necesaria y posible. Cuando se cuenten los votos y se atribuyan las cantidades debe igualmente ser transparente. Dar cifras, no porcentajes. Decir que sufragaron los miles que fueran, y que de esos miles, tantos a fulano y cuantos a zutano. La costumbre era ofrecer por cientos y no sumas exactas en número. Del mismo modo que para salvar la cara se recurría al múltiplo. Las votaciones internas siempre dejaban que desear, y daba vergüenza confesar la precariedad, declarar que la  concurrencia no fue la esperada. Entonces se multiplicaba por dos o por tres o por lo que fuera apropiado, y como se aplicaba a todos sin excepción, nadie protestaba, ni se quejaba, acogiéndose a la vieja y sabia ley de que “lo que es igual no es ventaja”. El propósito era tupir a la opinión pública que daba por cierto lo que se le informaba, sin entrar en consideraciones ni poner al descubierto la malicia. Sin embargo, el engaño era a sí mismo, y siempre pretendieron ser más de que lo realmente fueron…

EL PEJE DEL CHINCHORRO.- La prensa de esta semana daba cuenta, como un hecho sintomático, la escasa inscripción de aspirantes a las principales posiciones nacionales: presidente, secretario general y secretario de organización. No hay nada de misterio, pero si extraña que los perremeístas sean tan tímidos y no aprovechen la oportunidad de hacerse un espacio en la dirección del partido. La situación tendrá muchas explicaciones, y algunas se escuchan en los corrillos del partido. Una sería la prudencia, y otra la suposición, sin que pueda determinarse cuál iría primero. Todos miran con ojos de piedad, como ciervo herido, hacia el altar mayor, pero el Cristo no baja la vista y los santos laterales no aceptan encomienda. Tanto se dijo a media voz que muchos se creen que los altos puestos de mando irán a manos de íntimos de Hipólito Mejía y de Luis Abinader. Que estos harán su cumbre y se repartirán los cargos, asegurando control interno. Mejía, con su franqueza habitual, se define, pero esta es la fecha, y cuando se le pregunta a Abinader, responde que el grupo todavía no discute el tema, y por consiguiente, no tiene decisión al respecto. Él lo dice, el mundo lo duda, pero se mantiene expectación. ¿Qué peje soltará el chinchorro?…

orlandogil@claro.net.do

(Artículo publicado originalmente en el Listín Diario)