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La corrupción, un asesino de varias cabezas

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El nuevo destape realizado por el Ministerio Público sobre el trasfondo en el asesinato del abogado y catedrático Yuniol Ramírez, evidencia que la corrupción es como la cabeza de Medusa, ese monstruo de la mitología griega cuyos cabellos eran serpientes venenosas. Como Medusa, la corrupción inmoviliza a quienes deben velar por la probidad, por la legalidad y por la transparencia en el manejo de la cosa pública, untándolos con las mieles del dinero fácil, y de ahí que a nadie sorprende que funcionarios sean los que protagonicen los más emblemáticos casos de corrupción registrados en el país.

Y es que nuestro funcionario ha acuñado literalmente la frase del famoso actor americano Al Pacino en la película Cara Cortada “primero conseguir dinero, el dinero da poder, y el poder te da todo lo que desees”.

Comenzando por el hecho más reciente, el asesinato del abogado y catedrático Yuniol Ramírez quien nunca pensó que su nombre ocuparía los titulares de todos los diarios dominicanos, y no como la persona que revelaría un caso importante de corrupción, sino como la víctima de un asesinato atroz que conmocionaría a la sociedad.

Una semana antes de que su cadáver apareciera tirado en un arroyo con un tiro en la cabeza y amarrado con una cadena a dos blocks, Ramírez había adelantado que revelaría detalles de un caso de corrupción en la Oficina Metropolitana de Servicios de Autobuses (OMSA).

Según el profesor universitario, en la referida institución operaba una mafia que había hecho millonarios a tres suplidores, que habían unidades en manos de particulares y que en lugar de importar autobuses, cuyo precio en el exterior era de 650 mil pesos, preferían reconstruirlos en el país, nada más y nada menos que a un costo de 2.8 millones. Sin embargo, las autoridades no le dieron carácter a la denuncia y fatalmente culminó con su muerte.

Recordemos el caso del arquitecto David Rodríguez García, quien se quitó la vida en un baño de la Oficina de Ingenieros Supervisores de Obras del Estado (OISOE)  tras ser extorsionado por funcionarios de esa institución.

Esa trama de corrupción en la OISOE provocó que durante semanas cientos de manifestantes realizaran cadenas humanas para exigir al gobierno de Danilo Medina el esclarecimiento de la muerte de Rodríguez, así como también el sometimiento de los culpables, una investigación profunda de la trama y el cierre de la institución. Nada de esas exigencias se han cumplido.

Otro escándalo de corrupción que salió a la luz pública luego de los asesinatos en San Pedro de Macorís del periodista Luis Manuel Medina y el locutor Leonidas Martínez a manos de José Rodríguez, quien luego de cometer el hecho se suicidó , tiene que ver con las irregularidades hechas por funcionarios del Consejo Estatal del Azúcar (CEA), quienes vendían terrenos del Estado a varias personas a la vez.  A pesar de que el informe rendido por la Comisión designada por el presidente Medina confirmaba las irregularidades, los principales funcionarios de esa institución no fueron sometidos.

Tres asesinatos  y dos suicidios que involucran supuestos casos de corrupción en tres instituciones del Gobierno se han cometidos en un año y un mes, abarcando desde la  Oficina de Ingenieros Supervisores del Estado (OISOE), el Consejo Estatal del Azúcar (CEA) y la Oficina Metropolitana de Servicios de Autobuses (OMSA). Si partimos de que la corrupción es la responsable de quitarle al pueblo los recursos, y organización internacional Oxfam así lo confirma en su informe, donde señala que en República Dominicana  la corrupción tiene un costo anual estimado en unos RD$26,000 millones, equivalente al 0.7% del Producto Interno Bruto (PIB).

Pero la corrupción también nos quita la oportunidad de más inversión extranjera además de un punto tan importante para la población como lo representa la seguridad ciudadana.

Entonces yo me pregunto:

¿Qué estamos esperamos para revertir las prácticas dolosas en la Administración Pública?

¿Qué estamos esperamos para enviar señales claras a la ciudadanía de que las violaciones a la ley no quedarían sin el castigo correspondiente?

¿Qué estamos esperamos para propiciar los ajustes institucionales y legales que demanda urgentemente la garantía de no más impunidad en la sociedad dominicana?

La muerte de un ciudadano, abogado, por demás profesor universitario, fue el precio que en esta ocasión pago el país para descubrir los niveles de corrupción, de organizaciones criminales, de sicariatos, que operan, funcionan, se esconden detrás de algunas de nuestras instituciones públicas, y consecuentemente vuelven ineficiente el servicio a ofrecer y provocan un padecimiento en la población a la que deber ser brindado.