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Gracias, don Antonio

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OYE PAIS                                                                                                                Ruddy L. González

“Muchacho, oye, escucha, calla y aprende, que en las manos de ustedes, los jóvenes, es que está el futuro de este país y deben saber lo que pasó y lo que pasa, para poder luchar por la libertad del paísÖ ya nosotros hicimos lo nuestro y estamos pasandoÖ el compromiso es de ustedesÖ”. Esas expresiones de don Antonio Imbert Barrera, hace más de cuarenta y cinco años cuando le conocí personalmente, me marcaron.

Conocí y traté a don Antonio de la mano de Germán Ornes y principalmente de Mario -Cuchito- Álvarez a principios de la década de los ’70, cuando en mis ’20 me iniciaba como periodista de El Caribe. Don Germán y Cuchito me llevaban con frecuencia, también, a las tertulias en las casas y/o oficinas de don Luis Amiama Tió, de don Ramón Tapia Espinal, de don Chucho Álvarez, del general Neit Nivar Seijas, de don Roberto Prats. Eran escenarios donde se relataban las más insólitas historias sobre las interioridades de la dictadura de Trujillo y su camarilla y donde aprendí y forjé el valor de la amistad, la lealtad, la prudencia y la toma de decisiones.

Con virtudes y defectos, como todo mortal, Imbert Barrera fue por encima de todo, un hombre ‘cojonudo’, como decía don Germán, cuando identificaba el valor para complotar y participar en la emboscada en que se ajustició al temido dictador.

A Imbert Barrera se le reputan connotadas participaciones en las decisiones de Estado en la vida política nacional en las turbulentas décadas políticas de los ’60, los ’70 y los ’80. Los juicios de los ciudadanos son libres, como la libertad que don Antonio ayudó a forjar, por lo que no es ni será extraño escuchar, leer, ver críticas ácidas, pero también aplausos calurosos, sobre su figura y comportamiento.

Hace un tiempo no lo veía, pero siempre lo tenía presente, porque de él conservo el recuerdo de su heroicidad, de sus consejos y de su trato afable y respetuoso para conmigo, porque como dice el historiador Juan Daniel Balcácer, los héroes se forman con la acción a favor de la colectividad, lo que estará siempre por encima de errores y flaquezas que se le pudieran atribuir. Por ello admiro y respeto la memoria de don Antonio, como creo que los dominicanos tenemos una deuda eterna con don Antonio Imbert Barrera y ese puñado de héroes que se la jugaron para liberarnos de las garras de la sanguinaria dictadura que nos sojuzgó por 30 años.

Gracias don Antonio por su ejemplo de vida.

Paz a sus restos.