Inicio Opinión Es tema obligado

Es tema obligado

88

No habían transcurrido bien 48 horas del funesto asesinato de Geraldine Sánchez Baldera cuando bañada en sangre yacía Ana de León en el sector Los Tres Brazos. Ese mismo fin de semana, el de la No Violencia contra la Mujer, no acababa y la siguiente víctima, Any Mojica, robaba a la vida sus últimos suspiros. ¿Sus verdugos? Hombres que juraron amarlas y protegerlas.

Ahora, Geraldine Sánchez Baldera, Ana de León y Any Mojica se convierte en un número que agranda la lista de feminicidios que azotado al país, sobrepasando los 90 casos de mujeres asesinadas, cantidad que supera las cifras del año 2016.

Si, si que lo es! Los feminicidios son un flagelo que están sumiendo nuestro país en una lista negra a nivel mundial, enlutando y destrozando familias, dejando secuelas desastrosas, por ello es imprescindible no enfocar la problemática en función de matices sexistas y con sesgos marcados por el hombre verdugo y la mujer víctima, ya que el problema va más allá, se trata de ley, de inversión y la educación con un tremendo protagonismo.

Todos tenemos una cuota de responsabilidad en la expansión de esta problemática, porque queremos ver el machismo como un signo de hombres, sin embargo el machismo es cultura donde todos y todas estamos incluidos. Debo recordar que quienes educan son las mujeres, y continuamos criando niños y niñas con tareas marcadas para cada sexo. “los hombres no usan tal color, no lloran, no juegan con muñecas, no hacen trabajos domésticos, no se dejan gobernar por mujeres.” Craso error, porque continuamos definiendo el rol de cada quien en las relaciones sociales.

La conducta machista y agresiva no se forma en la adultez, sino en la infancia y a partir del historial de aprendizaje, que incluye los valores adquiridos en la familia y en la escuela, por eso la importancia que tiene el educación.

En consecuencia, señalo, que para poner fin a los feminicidios no puede ser bajo la retorica de la “igualdad”, porque en realidad somos diferentes. Esto debe hacerse en base al respeto mutuo, bajo el entendido de que un sexo es complemento del otro y que la diferencia sexual no es sinónimo de superioridad, ni de inferioridad.

Obvio que el componente de inversión en políticas públicas es importante, pero esas inversiones deben estar concatenada a una política clara e integral que no admita dispersión de esfuerzos, porque si hay multiplicidad de planes y proyectos dirigidas a un mismo fin, los resultados no podrán verse. Eso de cada institución u organismo esté realizando programas de forma individual es un disparate que logra dispendiar los pocos recursos que existen.

Deben estar claros los campos de actuación de las instituciones que trabajan con la mujer, no debe haber dudas de cuando deben prevenir o de penalizar los datitos de feminicidios, abusos sexuales y otras formas de violencia intrafamiliar.

Por eso me opongo a seminarios, talleres y simposiun para establecer diagnóstico; ya estamos “jartos” de contextualizar y no hacer nada. El asunto es inversión de recursos y acción de políticas públicas desde el Estado.

Se necesitan más casas de acogida con seguridad, el funcionamiento de unidades de psiquiatría forense como auxiliar de la fiscalía, con psiquiatras, psicólogos clínicos, trabajadoras sociales, para establecer diagnóstico de alta peligrosidad o patologías en las parejas violentas, se necesita más educación y fiscalización al sistema judicial y policial para que no piensen que la cultura de violencia de género es un problema de marido y mujer.

Por ultimo, el fortalecimiento de las leyes, ya que las respuestas sancionadora y reparadora del Estado siguen siendo deficientes, porque cuál es la explicación de que un hombre haya asesinado a una mujer y que, 9 años después de cometer el hecho, hayan sido las hijas de la víctima quienes dieran con su paradero, aun cuando esa persona no había salido nunca del país.

Pienso que deben cumplirse las leyes y hacer investigaciones que puedan determinar la necesidad de crear o modificar otras. Definitivamente que los cambios normativos que contribuyen a mejorar el acceso a la justicia de las mujeres, son importantes y deben ser reconocidos como pasos fundamentales para responder a un problema tan complejo.

Por el número de mujeres asesinadas en edad productiva, por los traumas en las familias, por los cientos de niños y niñas huérfanos, quedando afectados de por vida en sus emociones, afectividad y en su forma de pensar, paremos ya con esta catástrofe nacional.

“El asunto es educar y prevenir; el asunto no es intervenir cuando ya está el daño”.