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El voto preferencial

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CON TIERRA Y UN PALITO.- Los políticos dominicanos viven jugando con tierra y un palito, y –entretenidos como niños– crean situaciones que a poco quieren dejar sin efecto. Quienes observan el actual debate sobre el voto preferencial a nivel de regidores y otras instancias menores en el municipio, podrían pensar que esa decisión fue obra de una imposición. Que vinieron unos suizos con el proyecto y obligaron a las cámaras a aprobarlo colocando una pistola cargada en la cabeza de cada senador y diputado. La modalidad es ley, pero nadie asume la iniciativa como propia y todos los sectores quisieran ponerla a un lado. Que en las elecciones del 2020 no se aplique. Habría que preguntarse dónde estaba la Junta Central Electoral de entonces que no advirtió la dificultad en marcha. O los partidos que se suponen fueron los gestores de lo que ahora resulta una contrariedad mayor. Y lo mismo sucede con la sociedad civil que fue persuasiva en la ocasión, pero que ahora calla con un silencio cómplice. La experiencia de ese mismo voto preferencial con los diputados no fue la mejor, aunque esa discusión todavía se mantiene. Unos lo siguen considerando apropiado y otros reniegan del mecanismo por artero y poco fraterno…

A PESAR DE FUTURO.- El legislador -podría reconocérsele- fue prudente al aprobar la ley sobre el voto preferencial para diputados. Dispuso que no rigiera en lo inmediato, sino en un escrutinio posterior. El 2020 fue la fecha. Tiempo hubo para buscarle la vuelta al problema, y los organismos electorales se olvidaron y los partidos pensaron que la ocasión nunca llegaría. Lo malo de llamar al lobo, diferente al diablo, es que –a veces– no viene solo, sino en manada. Las elecciones del 2020 tendrá complejidades, y una será la del voto preferencial para los regidores. No se sabe cómo hacerlo ni se tienen equipos que faciliten su apropiación. La Junta Central Electoral no quisiera verse en el trance, y si no quiere asumir la situación, tampoco hará nada por aprender o encontrar medios efectivos. Que sea de otros el fatalismo. El Tribunal Superior Electoral, teniendo en cuenta el fastidio anterior, quiere quitarse la carga antes de ponérsela. La JCE todavía no establece el cronograma del 2020, pero sabe desde ya que ese voto preferencial de los regidores será su mayor desafío. La falta de una legislación de Partidos y Electoral es un inconveniente, pero menor, pues solo tiene que hacer lo de siempre. Nada nuevo bajo el sol, y el mismo sol. ¿Cómo saldrá entonces del tormento?

UNA LEY, OTRA LEY.- La solución no es tan difícil si se recuerda que una ley deroga otra ley. Al menos eso cree el senador Félix Bautista que en el día de ayer anunciaba un proyecto con esa finalidad. Evitar a las elecciones del 2020 el tormento del voto preferencial para los regidores y servidores de menor escala. Lo suyo no sería anular la ley, sino ponerle un ripio -como se dice ahora- de que no se aplique en el 2020 y que quede a discreción de la Junta Central Electoral. Habrá que ver las reacciones que su iniciativa provoque, si constituye una real salida y logra consenso entre todos los interesados. Los órganos electorales, los partidos políticos y la sociedad civil. Habrá que ver por igual si la propuesta es suya suya o de grupo o del partido en sentido general. Podría ser suya suya, pero como ahora todo lo que proponga un peledeísta debe someterse al escrutinio interno, no es bueno adelantar resultado. Aunque no debe olvidarse su condición de secretario de Organización del PLD, y de que los problemas comunes dan lugar a su vez a réplicas particulares. Cada partido tiene su candelita, y en cada esquinita, una amenaza. Las primarias, con ley y sin ley, pone la decisión inicial en manos de las bases, pero las cúpulas necesitan ventajas con qué favorecer a sus paniaguados. El reparto es amplio, y de seguro no se querrá que también sea ajeno…

VESTIRSE DESPACIO, IR DE PRISA.- Las urgencias no son buenas consejeras, y conviene que cada dificultad se resuelva a tiempo y sin las prisas ocasionales que desbordan lo natural. Sacar el voto preferencial de los regidores de las tareas inmediatas de las elecciones del 2020, daría un respiro a la Junta Central Electoral. Aunque un respiro no sería un descanso, sino aligerar un poco la carga. Faltan dos años y un mes para las consultas municipales del 2020, y ya existen preocupaciones en algunos sectores, que no son los partidos, de que el tiempo corre, y corre rápido. Tal vez la convocatoria o el encuentro del organismo de elecciones con los presidentes de los partidos ayude a comprender realidades y a tomar decisiones que avancen el proceso. La Junta Central Electoral no lo sabe, pero cada partido tiene un trompo embollado, y no importa lo que establezca la ley, los políticos tienen la suya, y con disimulo o de manera abierta tratarán de imponérsela al organismo. Que diga y que oiga, pero no se crea todo, pues cuando lleguen las dificultades querrán cargársela al órgano, aun cuando sean propias o las decisiones fueran de consenso. Que chequee los apuntes de reuniones anteriores y verá cómo los compromisos se deshacen. La Junta debe pensar primero como Junta, o en el proceso, y no dejarse envolver por los partidos o sus principales dirigentes…

orlandogil@claro.net.do

(Artículo publicado originalmente en el Listín Diario)