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El problema no es…

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Cuando entre las observaciones posibles a la Ley de Partidos está excluir a las organizaciones pequeñas, se advierte que el problema no es que la consulta sea abierta o cerrada, sino que las primarias sean obligatorias. Toda ley debe ser general y no establecer privilegios, como sería dejar fuera del cumplimiento de un estatuto fundamental a sectores minoritarios. Sin embargo, Los Chiquitos, como se les llama despectivamente, son parte del debate. ¿Qué le importa a un partido que no puede ni con su alma que el escrutinio sea con el padrón propio que no tiene o con el registro de la Junta Central Electoral? Una entidad política sin militancia es un estorbo y desde el punto de vista del financiamiento, un robo. Las entelequias no debieran tener acceso a fondos del Estado. Evidentemente una de las tantas distorsiones del sistema que los interesados o beneficiarios o cómplices del sistema se niegan a eliminar. El desorden político está tan bien organizado que aprovecha a todos, y todos se confabulan contra las potenciales correcciones. Contra un orden en que el chivo de la loma y el chivo de la carretera se subordinen a las mismas normas…

ABERRACIÓN DE AÑOS.- Cuando los partidos grandes se preocupan por la suerte de los pequeños, la lógica deja de ser lógica y se convierte en una aberración. Se supone que las minorías se organizan para descalificar a las mayorías, menos aquí, donde existen unas connivencias inexplicables y los que debieran afilar cuchillas para gargantas ajenas se convierten en viles comodines. Solo basta chequear el resultado cada vez que hay elecciones y dolerse en su pobre desempeño. Sin embargo, se mantienen en la liza por las anuencias de los órganos responsables y las complicidades de sus iguales de alto rango. Pues no solo es el caso de ahora, de que no podrían realizar primarias, sino que tampoco pueden colocar delegados en las mesas electorales y sus votos se cuentan por la benevolencia de sus pares mayores y no porque sus representantes, inexistentes, defiendan el sufragio de sus parciales. Sin duda que en el establecimiento electoral dominicano hay más partidos de los necesarios, y pudieron ser más si la Junta Central Electoral anterior no se hubiera negado al festival de legalizaciones. Y razón tuvo. Los aspirantes que no pudieron pasar la prueba, se presentaron como candidatos por otros partidos y mejor no recordar su votación…

EL INSTRUMENTO.- Las primarias, insisto, son el problema, y no porque sean abiertas o cerradas. Se teme poner en manos de las llamadas bases o de la militancia un instrumento de redención. Que se termine el reinado infame de las cúpulas y que el pueblo tome de nuevo La Bastilla y se produzca una revolución en el establecimiento político dominicano. Los sofismas se caen solos. Se alega que la existencia de un padrón fortalece a los partidos. Y si es así, y debe ser así ¿por qué cada partido no cuenta entonces con un padrón que sea creíble y confiable? ¿Cuál es el problema de inscribir gente, si el acto mismo es un parámetro de aceptación o una encuesta de preferencia? Si acuden muchos o pocos se tendrá una medida y se sabrá si debe trabajarse más a fondo o en cuales núcleos de la población. El PRM se vio obligado a dar el paso y ese resultado será decisivo en su posicionamiento de cara a las elecciones del 2020. Al margen del candidato que finalmente se escoja en su convención. Lo primero es el vehículo, pues si no se cuenta con una organización que levante expectativas, lo mejor es no iniciar o hacer el viaje. Aunque vale preguntar por los otros partidos.

El propio PLD, el PRSC, y el PRD, que cree que podrá irse por el atajo de los delegados…

LO QUE ES IGUAL….- Desde el principio creo que lo que es igual no es ventaja, y que si cada partido tiene padrón, deben realizar primarias cerradas, pero que si no tiene registro, como es el caso ahora, deben aprovechar el padrón universal de la Junta Central Electoral. El único real, creíble y confiable para los partidos, puesto que no solo es obra del organismo, sino también de las organizaciones. Lo demás es más simple. Si las primarias son cerradas, la campaña igual debe ser cerrada. Si las primarias son abiertas, lo mismo la campaña. Aunque lo interesante de la situación es que siempre la campaña es abierta.

Sea para la nominación a presidente o a regidor, pasando por senador, diputado o alcalde, los temas de promoción o posicionamiento son nacionales. Y sucede parecido si se procura un puesto de dirección. Nadie se sujeta al nivel correspondiente o se ubica en su demarcación o postula al interior del partido. Y si ningún candidato se recoge, sino que todos se desparraman, y la campaña es abierta, también debe serlo la consulta. ¿Cómo es que un partido o candidato puede negarse al pueblo, si la elección verdadera, la que finalmente se impone, será con el concurso de ese mismo pueblo? La discusión continuará, y muchos serán los participantes, solo que algunos deberán taparse un ojo como los piratas en los tiempos de la colonia.

orlandogil@claro.net.do

(Artículo publicado originalmente en el Listín Diario)